Acusan a Enrique Bátiz de violación

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La violinista suiza Silvia Crastan denunció haber sido violada por el director de orquesta Enrique Bátiz en 1996, en un hotel en Zúrich, Suiza.

La mujer, entonces de 24 años, tocaba con la Symphonisches Orchester Zürich y Bátiz había sido invitado como director huésped.

Un maestro de Crastan, amigo del director mexicano, fue quien los presentó en un ensayo.

Bátiz le pidió que arreglara un almuerzo con la joven en su hotel antes del concierto. “¿Por qué no?”, pensó ella, si se trataba de un amigo de su profesor.

Crastan lo esperó durante media hora en el lobby del Hotel Sheraton. Llevaba consigo su violín. Cuando por fin apareció, muy arreglado y con un pañuelo rojo en la solapa, le propuso: “Veo que traes tu violín. ¿No quieres subir a mi cuarto y dejarlo ahí antes de ir a almorzar?”.

De acuerdo con el testimonio de la violinista, subieron al cuarto. Bátiz cerró la puerta. La tomó y la arrojó a la cama. La inmovilizó. Le bajó los pantalones. A pesar de que la joven le imploraba que no lo hiciera, éste no se detuvo. Crastan era virgen. Sangró. Sólo entonces el director pareció darse cuenta de lo sucedido, pero era demasiado tarde.

La joven ni siquiera acudió a la Policía. Cuenta que estaba traumatizada.

Su maestro no hizo nada por contactar a Bátiz, quien abandonó Suiza al día siguiente, después del concierto. Como tampoco recibió respuesta la carta que dirigió a la Orquesta Sinfónica del Estado de México (OSEM).

“Les escribí contando lo sucedido, pero no hubo respuesta. Lo protegieron. Nadie reaccionó”, lamenta.

Semanas después del ataque, recibió una llamada de Bátiz en casa de sus padres: “Te extraño, quiero lamerte. Ven conmigo a Bulgaria y luego a mi casa en México”.

Con el tiempo, Crastan empezó a sufrir problemas sicológicos, como ataques de pánico. Dejó de tocar en orquestas y abandonó el violín.

“No podía lidiar más con directores después de lo sucedido”, dice.

Intentó confrontarlo en México, pero no pudo ni siquiera acercársele. Lo buscó incluso años después por Facebook, sin éxito. Luego de un tiempo recibió un mensaje extraño de Bátiz llamándola su “ángel”: “Busco la redención”.

Se enteró de más historias de mujeres que habrían sido acosadas por el director, y cuando Crastan supo de las denuncias de músicos de la OSEM, decidió que era hora de hacer pública la agresión sexual sufrida por parte de quien fuera durante cuatro décadas director general de esa orquesta, de la que ahora, tras ser relevado del puesto aduciendo problemas de salud -según el anuncio de Marcela González, Secretaria de Cultura del Estado de México- será director emérito.

“Si alguien dice: ‘Hice cosas realmente malas, me arrepiento y no vuelve a suceder’, entonces puedes perdonar. (Pero) si alguien se sigue comportando de esa manera, una y otra vez… Es algo como (el productor) Harvey Weinstein diciendo que no hizo nada. ¡Lo está haciendo! No es hacer nada, porque psicológicamente daña a las personas”, añade.

Crastan escribió también al Gobernador del Estado de México, Alfredo del Mazo, por Twitter: “Es tiempo de que sea denunciado. Me violó en 1996 en un cuarto de hotel en Zürich… y mis acusaciones llegaron a oídos sordos. Al contrario, al Embajador mexicano en Suiza, amigo de Bátiz, le pareció cool y divertido”.

Espera que esta vez haya una reacción. Y una disculpa de Bátiz.

“Sólo quiero sanarme, ser capaz de tocar y presentarme otra vez con el violín sin sufrir ataques de pánico. Que no trate de evadir el daño que me ha hecho riéndose y negándolo. No quiero dañar a nadie”.

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